El padre Mario Partidas permaneció durante varios días frente al edificio Carabamar, colapsado en Caraballeda, La Guaira, con la esperanza de encontrar con vida a su hija Fabiola, la psicóloga marabina. La profesional había dejado el Zulia para formar una familia en La Guaira, donde el terremoto truncó sus sueños y dejó a un niño de cuatro años sin su madre.
Entre las decenas de historias que dejó la tragedia provocada por los terremotos en La Guaira, una de las que más conmovió a voluntarios y rescatistas fue la de Fabiola Partidas Sosa.

Durante varios días, su padre, Mario permaneció frente a los escombros del inmueble, observando cada maniobra de los equipos de rescate con la esperanza de volver a abrazar a su hija. Se sentaba, caminaba. Se ofrecía a ayudar. Buscaba soluciones que estuviesen en sus manos. Oraba.
Cuando un grupo de 18 voluntarios provenientes del estado Zulia, integrado por bomberos, rescatistas, médicos, estudiantes de Medicina y periodistas, llegó a Caraballeda para apoyar las labores de búsqueda y asistencia humanitaria, sus integrantes intentaron brindarle aliento. Mario llegó incluso a ingresar por sus propios medios al edificio colapsado.
Yo mismo me metí entre los escombros para buscarla, pero no encontré nada. Lo único que vi fue sangre que venía del piso de arriba, donde había una pareja fallecida. El olor era muy fuerte y ya no pude seguir. Salí con el corazón partido. Había vigas caídas por todos lados. Ojalá ustedes encuentren algo. Ustedes saben más que yo», le expresó el hombre a los voluntarios.
Una nueva vida lejos de Maracaibo
Fabiola era psicóloga, egresada de la Universidad Rafael Urdaneta. Familiares y amigos la describen como una mujer alegre, trabajadora y profundamente comprometida con quienes la rodeaban.
Años atrás decidió mudarse a La Guaira tras enamorarse de un piloto oriundo de esa región. Allí construyó una nueva vida, contrajo matrimonio y se convirtió en madre de un niño de cuatro años.
Además de ejercer su profesión, impulsaba un pequeño minimarket, un emprendimiento con el que buscaba contribuir al bienestar económico de su familia.
El último día
De acuerdo con el relato de sus familiares, la mañana del terremoto su esposo salió al supermercado acompañado del hijo de ambos, mientras Fabiola permanecía en el apartamento.
La última vez que fue vista estaba en la cocina, con su teléfono conectado al cargador mientras revisaba un catálogo relacionado con su negocio. Pocos minutos después se registraron los movimientos telúricos.
El edificio Carabamar colapsó y el apartamento, ubicado en la planta baja, quedó sepultado por toneladas de concreto. Desde ese momento comenzó una angustiosa espera para sus más cercanos.

Su padre permaneció en Caraballeda siguiendo de cerca las labores de búsqueda, mientras su madre y su hermana viajaron desde el estado Zulia al conocer la magnitud de la tragedia.
Según allegados a la familia, pocos días antes del terremoto habían recibido una noticia que les devolvió la esperanza: la madre de Fabiola había culminado exitosamente su tratamiento contra el cáncer y los médicos le habían informado que había superado la enfermedad. La alegría por esa recuperación se transformó en dolor tras el desastre.
Una historia que marcó a los voluntarios
Durante cuatro días, el grupo de 18 voluntarios zulianos recorrió sectores como Playa Grande y Caraballeda apoyando las labores de rescate y asistencia humanitaria.
Entre edificios destruidos y familias que aguardaban noticias de sus seres queridos, la historia de Mario y Fabiola sacudió a los voluntarios.
Finalmente, tras varios días de trabajo, los equipos especializados lograron recuperar el cuerpo de la psicóloga zuliana.
Su historia pasó a representar el drama que vivieron cientos de familias durante la emergencia: padres esperando noticias de sus hijos, esposos buscando a sus parejas y niños que, en cuestión de segundos, perdieron a uno de sus padres.
Detrás de cada edificio colapsado había una familia. Detrás del edificio Carabamar estaba la historia de Fabiola Partidas Sosa, una psicóloga zuliana que dejó Maracaibo para construir un futuro en La Guaira y cuyo nombre quedó marcado entre las víctimas de una de las mayores tragedias que ha vivido el país.

